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El subrayado light

Herrera DKP Emisión: 10 de febrero de 2004

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Estimados amigos:

Solamente una breve interrupción en favor de nuestro idioma. He extraído de Internet un artículo de un escritor de la amable tierra colombiana.

EL SUBRAYADO LIGHT*

Cuando salió al mercado "Vivir para contarla", García Márquez confesó que él tenía pésima ortografía.

No había acabado de decirlo cuando de inmediato salieron cientos de adláteres -o lambones, para ser más colombiano- a desmentir al escritor: que lo decía por humildad, fue el comentario más común; e incluso no faltaron aquellos que se leyeron las memorias de un solo puntillazo buscando aquellas palabras en las que el Nobel equivocó la grafía, y concluyeron que tan sólo en dos de ellas habían encontrado error, error que atribuyeron al llamado gusanillo de la imprenta.

Pues bien, la verdad es que yo sí le creo a García Márquez cuando afirma tal cosa. Le creo, primero, porque fue él mismo quien lo dijo: no se trata de una calumnia inventada por sus detractores; y, segundo, porque si Gabo tiene o no mala ortografía no es cosa que llega a nuestros ojos, pues al leer sus textos, estos ya han sido corregidos por el corrector de estilo, quien es el encargado de corregir las equivocaciones antes de impresión, equivocaciones que pueden ser por la velocidad al escribir, por ese famoso gusano o por la simple ignorancia.

Claro que por ignorancia ya no se dan muchos casos, pues antes de pasar por el corrector de estilo tenemos un primer censor que nos premia o castiga en el momento de escribir: se trata de ese subrayado rojo que marca el propio computador o más aún, el software, que indica que una palabra no fue escrita según los cánones preestablecidos.

Este subrayado rojo, como tantas otras cosas, hace parte de las comodidades que nos ofrece la vida moderna; pero hace parte, al tiempo, de esta cultura light que todo lo exige hecho, que todo lo quiere procesado, elaborado; que espera un mínimo de esfuerzo en todo cuanto hace, es decir, cero maduración, cero sustancia. Todo amparado por el amplio paraguas del tiempo. ¿Para qué perder tiempo -aducen- aprendiendo algo que el computador nos puede solucionar? "No hay tiempo para nada", parece ya no ser una excusa, sino una amenaza que nos advierte que al aprendizaje es posible hacerle trampas: lo light, en realidad, es la gran amenaza de nuestro tiempo porque es un atajo, y como atajo que es resulta engañoso: la herramienta puede servirnos en un momento dado pero nunca va a reemplazar al conocimiento.

De ahí que cuando no hay un computador a la mano, se alcancen a leer manuscritos que son una verdadera vergüenza; o, más común, que la puntuación sea un verdadero desastre, puesto que el software bien nos ayuda con una palabra mal escrita, pero ¿la puntuación quién la corrige? ¿"Sabe" el computador dónde va la coma, dónde el punto, dónde el signo de interrogación?

Así las cosas, no será raro que a la vuelta de unos años nos encontremos redefiniendo nuestra escritura, pero no la de nuestra lengua castiza, sino -¿quién sabe?- volviendo a las cuentas de invierno en piel de búfalo de los sioux, a las pinturas de arena seca de los navajos, a los mensajes cifrados en los cinturones de wampum de los iroqueses o, más cercanos a casa, a los famosos quipos incas.

Cada día hay más profesionales derramando por todo su escrito errores de puntuación, creyendo que la coma es para regalarla, que el punto y coma se sortea entre cada determinado número de renglones, que el punto seguido no existe. Nuestro idioma lo destruyen los "más preparados".

Todo, por esta "gran" cultura del menor esfuerzo.

ALONSO SÁNCHEZ BAUTE*

(*) Utilizada en inglés porque es más "ligera".

* Escritor, de 38 años. Autor de Al diablo la maldita primavera.

Fuente:

Tomado del PERIÓDICO EL TIEMPO - ENTRE ESCRITORES

Otrosí: Por si acaso, la palabra "censor" está bien escrita. El corrector de Word no es un sensor ya que no es un mecanismo que detecta una determinada acción externa, como la presión o temperatura y la transmite adecuadamente.

Atentos saludos,

Carlos Peralta
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